NM Tax & Audit S.L.
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Auditores

Función del Auditor

1.       Determinar la exactitud de los estados financieros elaborados por la empresa
2.       Analizar la aplicación del principio de empresa en funcionamiento o solvencia de la sociedad.
3.       Determinar la existencia de fraude en la empresa.
4.       Cumplimiento por parte de la sociedad de sus obligaciones legales.
5.       Comprobar la actuación responsable de la sociedad en aspectos medioambientales y sociales.
Características de la Auditoría de cuentas
1.       Independencia de las empresas o entidades auditadas
2.       Responsabilidad civil ilimitada frente a empresas o entidades y frente a terceros por daños y perjuicios.
3.       Responsabilidad mercantil, administrativa y penal.
4.       Secreto de la información que conozca en el ejercicio de la actividad.
5.       Control y disciplina del ejercicio de la actividad por el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas.
Obligación de contratar a un Auditor
Siempre que la sociedad pueda presentar balance abreviado no tiene imposición legal de auditarse. Para que surja la obligación de auditarse es necesario que durante dos ejercicios fiscales consecutivos, a la fecha de cierre del mismo, concurran en la empresa dos cualesquiera de los siguientes requisitos
a) el importe total de las partidas de su activo  supere 2.850.000 Euros;
b) el importe neto de su cifra anual de negocios supere los 5.700.000 euros;
c) el número medio de empleados durante el ejercicio  sea superior a cincuenta. Las sociedades no perderán la facultad de formular balance abreviado si no dejan de reunir, durante dos ejercicios consecutivos, dos de las circunstancias anteriormente señaladas

Ventajas de contratar a un Auditor
El auditor es una especie de "fedatario público" de que las Cuentas Anuales están "bien". Y ¿esto qué significa? Pues que cuando el auditor emite un informe denominado "favorable" está indicando que "en su opinión profesional" dichas cuentas "presentan razonablemente la imagen fiel..." El auditor, por tanto, no "certifica" nada. Da una opinión profesional o, mejor dicho, su mejor opinión profesional sobre dichas cuentas anuales auditadas. Y manifiesta que "razonablemente", es decir que no con exactitud matemática sino con un cierto nivel de aproximación, dichas cuentas anuales son fiel reflejo de la verdadera situación económico- patrimonial de la empresa auditada y de los resultados alcanzados.
Por tanto, el auditor no es un contable ni un revisor de la contabilidad que analizando el cien por cien de la documentación contable, diese su veredicto u opinión final. No es así. El auditor utiliza procedimientos de auditoría basados en el muestreo. Además esas muestras analizadas no son, por lo general, excesivamente amplias. Solo es así cuando la situación del control interno y de su contabilidad lo requiera. Por tanto, no se trata de que las cuentas anuales estén completamente exentas y limpias de errores o irregularidades, sino de que estos no rebasen determinados límites de "tolerancia". El informe puede ser, también, con "salvedades" , es decir, con determinadas limitaciones encontradas o cuestiones parciales que no son correctas, pero que no impiden que el resto de las cuentas esté bien.
Por otra parte, el auditor no es un investigador en busca de fraudes, robos y operaciones irregulares. Si se las encuentra en su camino, tratará de llegar hasta el final y aclararlas. Pero sus métodos de trabajo no están diseñados para esa finalidad específica. Lo que sucede es que estos métodos permiten que, en la mayoría de los casos en que esas situaciones irregulares se produzcan, sean detectadas por el trabajo del auditor.
La clave está en que el trabajo del auditor hay que verlo en positivo, como una ayuda en la clarificación de la documentación contable así como mayor fiabilidad y garantía. Además, el auditor aconseja y ayuda a la empresa en el correcto tratamiento contable de muchas situaciones que puedan producirse.
Es, en consecuencia, el auditor  ayuda más a la empresa y no e un frio fiscalizador de las cifras contables elaboradas por aquella. El contrato habitual de varios años permite, además, un mejor conocimiento de la problemática de la empresa auditada y de sus circunstancias.
Y aparte de todo lo anterior, el profesional de la auditoria, en su faceta como tal auditor, puede realizar otra serie de actuaciones diferentes a la indicada. Así puede desarrollar toda clase de revisiones contables de áreas concretas de la contabilidad o de la actividad económica de la empresa. Puede actuar como "experto independiente" siguiendo ésta figura creada por la última reforma mercantil implantada en nuestro país al inicio de los años noventa. El Registro Mercantil, los Juzgados o las propias empresas pueden designar auditores para diversos trabajos que, con cierta frecuencia, deben afrontar. Y, finalmente, el auditor es un buen profesional para la auditoría de gestión o para ayudar a implantar un buen nivel de control interno.
A continuación se exponen algunas cuestiones que pueden ayudar a conocer mejor el trabajo del Auditor:
1.      El Auditor de cuentas tiene una buena preparación y formación. Para el acceso a esta profesión tuvo necesidad de alcanzarla a través de cursos y exámenes específicos, unida a una experiencia práctica determinada. La mayoría son licenciados y diplomados en Económicas y Empresariales o Titulados Mercantiles.
2.      El Auditor no realiza su trabajo con mentalidad fiscalizadora, lupa en mano, para ver qué "caza" y "quien es el culpable". Todo lo contrario. Como experto profesional, sigue la documentación contable de la empresa de acuerdo con una determinada técnica y evalúa los errores o irregularidades que pueda encontrar, para ver el impacto que estos puedan tener en las Cuentas Anuales.
3.      El Auditor pone en conocimiento de la empresa las deficiencias y errores que encuentre. Las deficiencias o debilidades del control interno, lo que podríamos llamar "fallos o lagunas" del sistema empleado por la empresa, se las indica a la Gerencia. Los errores e irregularidades de la contabilidad, si son de cierta importancia (significativo o materiales en el argot profesional), le llevan a proponer ajustes y reclasificaciones a dicha contabilidad. Si la empresa los acepta y hace suyos habrá solucionado "los fallos" y "las deficiencias" y presentará unas Cuentas Anuales correctas.
4.      No confunda al Auditor con un Inspector de Hacienda.  El Auditor va a prestarle un servicio profesional. No inspecciona. Eso sí, dentro del marco de un profesional independiente de la empresa.
5.      En el Auditor puede y debe confiar. Está sujeto al secreto profesional en forma estricta. Y eso le impide hacer uso de sus conocimientos de una empresa para otras finalidades externas a ella. Su relación es directa y única con su cliente, la empresa auditada. Es el cliente el que hará el uso que quiera de la auditoría y es el único que puede autorizar a un tercero para acceder a los papeles de trabajo de su auditoria.
6.      No piense que el Auditor no sabe nada de su empresa ni su sector. Todos los auditores escuchamos de muchos de nuestros clientes aquello de "es que mi empresa es completamente diferente" o "este sector es distinto a todos los demás" . Quienes están al frente de una empresa a auditar saben todo de ella y de su sector, más que el Auditor por lo general. Pero eso es referido a los aspectos de proceso o actividad de la empresa. En lo que es la gestión y, en concreto, el área económica y administrativa el Auditor tiene un amplio conocimiento, derivado de su formación y experiencia profesional.
7.      La auditoría y los demás trabajos relacionados con ella que puede realizar el Auditor no se deben afrontar solamente por imperativo legal. Por obligación e imposición de la normativa mercantil. Puede ser voluntaria. Esta es una práctica seguida por muchas empresas que se auditan para garantizar que sus Cuentas Anuales y su información contable son correctas. Esto genera confianza a la dirección.
8.      No dé siempre la razón por sistema a sus empleados o colaboradores en la gestión de la empresa, frente a las opiniones o informes del Auditor. Evite ese enfrentamiento sistemático. Piense que los suyos pueden estar equivocados o quieren mantener su criterio a toda costa. O sencillamente tienen miedo a lo que puede decir el Auditor.
9.      El Auditor no debe generar "miedo" ni "temor" en los empleados. Respeto sí, pero unida a la confianza. Este es el caso general.
10.  No escoja al Auditor tan sólo por una cuestión de precio . ¡El de presupuesto más bajo!. Debe analizar otros aspectos tales como alcance de la propuesta, prestigio del auditor o la firma, experiencia que pueda tener, referencias que tenga de él o de los trabajos realizados, planificación temporal que presente. Elegir tan solo por el precio, como en otros órdenes de la vida, puede ser un error. El Auditor necesita tiempo para hacer completo y bien su trabajo. Y el tiempo, las horas, tienen un coste acorde con la categoría profesional del Auditor. Por tanto, los "milagros a precios bajos" no son normalmente posibles.
 
 
 
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